lunes, 15 de noviembre de 2010

Moraleja

Un hombre llega a casa del trabajo y encuentra a sus tres hijos en el jardín aún con los pijamas puestos jugando en el barro, con cajas de comida vacías y los envoltorios de éstas esparcidos por todo el jardín.

La puerta del coche de su mujer estaba abierta, así como la puerta de entrada de la casa, y no había señales del perro.

Cuando entró encontró aún mayor desorden. Una lámpara caída en el suelo y la alfombra arrugada contra la pared.

En el salón, la televisión estaba a todo volumen con un canal de dibujos animados y la salita de estar cubierta de juguetes y ropa.

En la cocina la pila estaba llena de cacharros, el desayuno derramado por la encimera, la puerta del frigorífico abierta de par en par, la comida del perro tirada por el suelo, un vaso roto debajo de la mesa y un pequeño montón de arena detrás de la puerta.

Inmediatamente subió las escaleras sorteando todos los juguetes y más pilas de ropa buscando a su mujer, preocupado por si estaba enferma o le había ocurrido algo serio.

De camino a la habitación, vio como corría el agua por debajo de la puerta del cuarto de baño y cuando entró vio toallas empapadas de espuma y más juguetes por el suelo, kilómetros de papel higiénico amontonado y pasta de dientes untada por el espejo y las paredes.

Entro corriendo en el dormitorio y encontró a su mujer acurrucada en la cama, en pijama, leyendo plácidamente una novela.

Ella le miró, le sonrió y le pregunto qué tal le había ido el día.

Él la miró furioso y le preguntó, - ¿Qué ha pasado hoy aquí?

Ella volvió a sonreír y le dijo:

- ¿Recuerdas que cada vez que llegas del trabajo me preguntas qué coño hago todo el día?

- Si, contestó él, incrédulo.

- PUES HOY NO LO HICE... Y YA VES.

No hay comentarios:

Publicar un comentario